RESUMEN: SISTEMA Y DIVISIONES DE LA PEDAGOGÍA
Establecer el sistema de la pedagogía es hacer una división, ordenar sus aspectos y ramas jerarquizándolos conforme a determinados cánones o principios directrices. El criterio que se toma para sistematizar o dividir la pedagogía, es el que emerge del doble carácter de la pedagogía como teoría y tecnología o como disciplina simultáneamente descriptiva y normativa. Si nos limitamos a señalar los elementos y factores de la educación, hacemos pedagogía descriptiva y si trazamos un conjunto de normas para la actividad educativa, entonces hacemos pedagogía normativa; aunque nada impide a la pedagogía describir la educación como dato y regularla o dirigirla como acto. Por ello tanto la pedagogía descriptiva como la normativa son necesarias y se complementan. Los dos enfoques sirven de apoyo para la ordenación o división de las partes de la pedagogía.
De acuerdo a Luzuriaga, la pedagogía descriptiva estudia los factores: biológicos, psicológicos, y sociológicos de la educación y la pedagogía normativa, se divide en teleológica y tecnológica; la primera incluye los ideales y fines de la educación; la segunda la integran los métodos pedagógicos, la estructura de la educación, la organización educativa y las instituciones escolares.
Aplicando el criterio de coexistencia de lo teórico con lo tecnológico se da una división de la pedagogía en teórica y tecnológica. La pedagogía teórica contiene el conjunto de conocimientos y de reflexiones sobre el hecho y el proceso educativo en su evolución histórica y en su estado presente. Incluye la pedagogía general y la pedagogía histórica.
La pedagogía general se encarga de las cuestiones generales y universales de la educación; su objeto son los elementos que constituyen el fenómeno educativo como hecho y como actividad humana, dentro de ella se encuentran la filosofía de la educación y la ciencia de la educación. La filosofía de la educación es el conjunto de reflexiones sobre el hecho y el proceso educacional; comprende una fenomenología de la educación (como objeto), una axiología y teleología pedagógicas (valores e ideales de la educación) y una epistemología pedagógica (naturaleza y estructura de un sistema de pedagogía). La ciencia de la educación es el resultado de la investigación positiva y empírica del proceso y hecho educativo, su objeto son los factores reales; se apoya en las ciencias auxiliares y por ello no existe una ciencia de la educación sino ciencias de la educación (biología, psicología y sociología pedagógica).
La pedagogía histórica sigue el hecho y el proceso educativo a través del tiempo, comprende la historia de la educación y la historia de la pedagogía.
La pedagogía tecnológica comprende los medios, recursos o instrumentos que sirven a las necesidades y a los fines de la educación sistemática. Se divide en metodología y en organización educativa. La metodología educativa es el conjunto de normas relativas a los métodos de la educación sistemática; abarca los principios de esos métodos, sus tipos y formas de realizarlos. La organización educativa reúne los medios materiales al servicio de la tarea pedagógica en dos aspectos: político (legislación y administración escolar) y pedagógico (ciclos, instituciones, planes, programas, horarios, etc). La inclusión de lo político en las tareas escolares lleva a la definición de política educacional, misma que se logra de la comparación con la pedagogía política. Esta es una disciplina teórica, cuyo objeto es el estudio de las relaciones del estado con la educación; también es una acción por la cual el Estado regula y estimula la actividad educativa y cultural de la comunidad.
lunes, 3 de marzo de 2008
domingo, 2 de marzo de 2008
El positivismo de Augusto Comte
AUGUSTO COMTE Y EL POSITIVISMO
Para contextualizar la vida de Auguste Comte, en el presente ensayo se iniciará con señalar algunos datos sobre su existencia y posteriormente se plasmarán sus ideas más sobresalientes; así como su impacto en la sociedad y la conceptualización de la filosofía del positivismo, corriente representativa de Comte.
Nació en Montpellier el 19 de enero de 1798. Desde muy temprana edad mostró un fuerte rechazo hacia el catolicismo tradicional y las doctrinas monárquicas. Logró ingresar como profesor de matemáticas en la Escuela Politécnica de París en 1814, pero en 1816 fue expulsado de este centro por haber participado en una revuelta estudiantil.
Durante algunos años fue secretario particular del teórico socialista Claude Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon, cuya influencia quedaría reflejada en algunas de sus obras. Los últimos años del pensador francés quedaron marcados por la demencia, debida a las crisis de locura en las que se sumía durante prolongados intervalos de tiempo. Falleció el 5 de septiembre de 1857 en París.
El término “positivismo” fue utilizado por primera vez por Auguste Comte, eligió la palabra “positivismo” para señalar un sistema de filosofía basado en la experiencia y en el conocimiento empírico de los fenómenos naturales. En virtud de lo anterior, el positivismo considera a la metafísica y a la teología como sistemas de conocimientos imperfectos e inadecuados.
Comte, queriendo dar una respuesta a la revolución científica, política e industrial de su tiempo; apostó por ofrecer una reorganización intelectual, moral y política del orden social. Además, pensó que cualquier reconstrucción sólo era posible tras adoptar una actitud científica.
Afirmaba que el estudio empírico de los procesos históricos revela la que denominó “ley de los tres estadios”, que rige el desarrollo de la humanidad. Analizó estos tres estadios en su más importante y voluminosa obra, Curso de filosofía positiva. En ella afirmaba que, dada la naturaleza de la mente humana, cada una de las ciencias o ramas del saber debe pasar por tres estadios teoréticos diferentes: "el teológico o estadio ficticio; el metafísico o estadio abstracto; y por último, el científico o positivo". [1]
En el estadio teológico los acontecimientos se explican de un modo muy elemental apelando a la voluntad de los dioses o de un dios. En el estadio metafísico los fenómenos se explican invocando categorías filosóficas abstractas. El último estadio de esta evolución, el científico o positivo, supone el triunfo de la racionalidad positiva, en tanto que los hombres no buscan el origen del Universo sino las leyes generales de los fenómenos. Toda su atención se centra en averiguar cómo se producen éstos con la intención de llegar a generalizaciones sujetas, a su vez, a verificaciones observacionales y comprobables.
La obra de Comte es considerada como la expresión clásica de la actitud positivista, es decir, la actitud de quien afirma que tan sólo las ciencias empíricas se erigen en la adecuada fuente de conocimiento. Cada uno de estos estadios, afirmaba Comte, tiene su correlato en determinadas actitudes políticas. El estadio teológico tiene su reflejo en las ideologías que sostienen el derecho divino de los reyes. El estadio metafísico incluye algunos conceptos tales como el contrato social, la igualdad de las personas o la soberanía popular. El estadio positivo se caracteriza por el análisis científico o sociológico de la organización política.
Bastante crítico con los procedimientos democráticos, anhelaba una sociedad estable gobernada por una minoría de ilustrados que empleara el método científico para resolver los problemas humanos y para mejorar las nuevas condiciones sociales. Aunque rechazaba la creencia en un ser transcendente, reconocía el valor de la religión, en tanto que creía que ésta contribuía a la estabilidad social. En su obra Sistema de política positiva, propuso como aceptable una religión que estimulara una benéfica conducta social.
La filosofía positivista de Auguste Comte abandonó la especulación de lo sobrenatural en favor de la investigación científica. Según él, el conocimiento de todos los temas, desde la astronomía a la sociología, debería venir de la correlación de la evidencia empírica. El estudio sistemático de Comte de la estática y dinámica de la sociedad sentó las bases de la sociología moderna, que al principio llamó física social.
Comte hace un detallado y ambicioso análisis del desarrollo histórico de las diferentes ciencias, “clasificándolas en cinco fundamentales: astronomía, física, química, fisiología y física social o sociología”.[2]
Destaca la importancia de las matemáticas, cuyo valor se encuentra en la generalidad y en su posibilidad de convertirse en modelo de método racional; la astronomía es la aplicación de las matemáticas al orden de los astros; y, paulatinamente, analiza el valor de la química, la biología (a la que concede una importancia decisiva en el desarrollo del espíritu positivo) y otras disciplinas, hasta llegar a la sociología. Ésta es, para Comte, una verdadera “física social” y supone el análisis de los fenómenos sociales con una perspectiva semejante a la que se aplica en el análisis de los fenómenos físicos y astronómicos. Entendida como ciencia positiva, la sociología ofrecerá estrategias de previsión y de acción que permitan reformar adecuadamente la sociedad.
La obra de Comte es de una gran magnitud y no está exenta de polémica, ya que pretendía sistematizar los saberes más importantes de su tiempo y sentar las bases de una radical reforma del conocimiento. Conviene no perder de vista que Comte escribió su obra en un momento de gran dinamismo en la historia de Francia, cuando los proyectos de reforma liberal de la sociedad se abrían paso difícilmente en medio de la polémica política.
Según Comte, era necesario reivindicar una nueva forma de conocimiento basada en el valor de la ciencia positiva y crear una nueva ciencia, la sociología, que aplicara los avances científicos a la mejora de la sociedad. Su obra, que ejerció una gran influencia en su tiempo, se encuentra revestida de un carácter utópico y supuso una reforma de los conocimientos filosóficos convencionales.
Lo más ambicioso de su proyecto filosófico fue pretender responder a los avances de la ciencia, planteando la necesidad de que ésta sirviera para mejorar, no sólo el conocimiento, sino a la sociedad. Desafortunadamente los seres humanos a través de las generaciones y de historia hemos utilizado la ciencia también para fines destructivos y perjudiciales.
Hablando de tecnología, gracias a su desarrollo cada vez existe más contaminación del aire, agua y suelo; además también es usada por las grandes potencias para amedrentar con sus armamentos a otros países con menos recursos económicos.
Por lo que se refiere a la cuestión social “el saber” da poder a los dirigentes sociales y medios de comunicación para mantener a la gente enajenada, creándoles una conciencia de conformismo; incluso distrayéndola de los problemas sociales reales que presenta el país.
Los maestros ante estas situaciones, tenemos un gran compromiso como formadores de individuos en relación a la práctica de la ciencia positivista: Debemos promover en los alumnos el buen uso de la ciencia para la mejora de su entorno y el de los demás. Sabemos que tenemos que luchar con los medios de comunicación y con la tecnología que los bombardea por todos lados; pero aún así la escuela es la única institución que puede crearles conciencia de ello.
BIBLIOGRAFÍA:
- LARROYO, Francisco, La filosofía positivista, Editorial Porrúa, México 2000 8va. Edición.p.303.
- RONDEROS, Jorge, El concepto de familia de Augusto Comte, Universidad de Caldas, Marizales 1995.p.86.
- www.cibernous.com/autores/comte/teoria/biografia.html-13k-Cached
[1] www.cibernous.com/autores/comte/teoria/biografia.html-13k-Cached
[2] www.cibernous.com/autores/comte/teoria/biografia.html-13k-Cached
Para contextualizar la vida de Auguste Comte, en el presente ensayo se iniciará con señalar algunos datos sobre su existencia y posteriormente se plasmarán sus ideas más sobresalientes; así como su impacto en la sociedad y la conceptualización de la filosofía del positivismo, corriente representativa de Comte.
Nació en Montpellier el 19 de enero de 1798. Desde muy temprana edad mostró un fuerte rechazo hacia el catolicismo tradicional y las doctrinas monárquicas. Logró ingresar como profesor de matemáticas en la Escuela Politécnica de París en 1814, pero en 1816 fue expulsado de este centro por haber participado en una revuelta estudiantil.
Durante algunos años fue secretario particular del teórico socialista Claude Henri de Rouvroy, conde de Saint-Simon, cuya influencia quedaría reflejada en algunas de sus obras. Los últimos años del pensador francés quedaron marcados por la demencia, debida a las crisis de locura en las que se sumía durante prolongados intervalos de tiempo. Falleció el 5 de septiembre de 1857 en París.
El término “positivismo” fue utilizado por primera vez por Auguste Comte, eligió la palabra “positivismo” para señalar un sistema de filosofía basado en la experiencia y en el conocimiento empírico de los fenómenos naturales. En virtud de lo anterior, el positivismo considera a la metafísica y a la teología como sistemas de conocimientos imperfectos e inadecuados.
Comte, queriendo dar una respuesta a la revolución científica, política e industrial de su tiempo; apostó por ofrecer una reorganización intelectual, moral y política del orden social. Además, pensó que cualquier reconstrucción sólo era posible tras adoptar una actitud científica.
Afirmaba que el estudio empírico de los procesos históricos revela la que denominó “ley de los tres estadios”, que rige el desarrollo de la humanidad. Analizó estos tres estadios en su más importante y voluminosa obra, Curso de filosofía positiva. En ella afirmaba que, dada la naturaleza de la mente humana, cada una de las ciencias o ramas del saber debe pasar por tres estadios teoréticos diferentes: "el teológico o estadio ficticio; el metafísico o estadio abstracto; y por último, el científico o positivo". [1]
En el estadio teológico los acontecimientos se explican de un modo muy elemental apelando a la voluntad de los dioses o de un dios. En el estadio metafísico los fenómenos se explican invocando categorías filosóficas abstractas. El último estadio de esta evolución, el científico o positivo, supone el triunfo de la racionalidad positiva, en tanto que los hombres no buscan el origen del Universo sino las leyes generales de los fenómenos. Toda su atención se centra en averiguar cómo se producen éstos con la intención de llegar a generalizaciones sujetas, a su vez, a verificaciones observacionales y comprobables.
La obra de Comte es considerada como la expresión clásica de la actitud positivista, es decir, la actitud de quien afirma que tan sólo las ciencias empíricas se erigen en la adecuada fuente de conocimiento. Cada uno de estos estadios, afirmaba Comte, tiene su correlato en determinadas actitudes políticas. El estadio teológico tiene su reflejo en las ideologías que sostienen el derecho divino de los reyes. El estadio metafísico incluye algunos conceptos tales como el contrato social, la igualdad de las personas o la soberanía popular. El estadio positivo se caracteriza por el análisis científico o sociológico de la organización política.
Bastante crítico con los procedimientos democráticos, anhelaba una sociedad estable gobernada por una minoría de ilustrados que empleara el método científico para resolver los problemas humanos y para mejorar las nuevas condiciones sociales. Aunque rechazaba la creencia en un ser transcendente, reconocía el valor de la religión, en tanto que creía que ésta contribuía a la estabilidad social. En su obra Sistema de política positiva, propuso como aceptable una religión que estimulara una benéfica conducta social.
La filosofía positivista de Auguste Comte abandonó la especulación de lo sobrenatural en favor de la investigación científica. Según él, el conocimiento de todos los temas, desde la astronomía a la sociología, debería venir de la correlación de la evidencia empírica. El estudio sistemático de Comte de la estática y dinámica de la sociedad sentó las bases de la sociología moderna, que al principio llamó física social.
Comte hace un detallado y ambicioso análisis del desarrollo histórico de las diferentes ciencias, “clasificándolas en cinco fundamentales: astronomía, física, química, fisiología y física social o sociología”.[2]
Destaca la importancia de las matemáticas, cuyo valor se encuentra en la generalidad y en su posibilidad de convertirse en modelo de método racional; la astronomía es la aplicación de las matemáticas al orden de los astros; y, paulatinamente, analiza el valor de la química, la biología (a la que concede una importancia decisiva en el desarrollo del espíritu positivo) y otras disciplinas, hasta llegar a la sociología. Ésta es, para Comte, una verdadera “física social” y supone el análisis de los fenómenos sociales con una perspectiva semejante a la que se aplica en el análisis de los fenómenos físicos y astronómicos. Entendida como ciencia positiva, la sociología ofrecerá estrategias de previsión y de acción que permitan reformar adecuadamente la sociedad.
La obra de Comte es de una gran magnitud y no está exenta de polémica, ya que pretendía sistematizar los saberes más importantes de su tiempo y sentar las bases de una radical reforma del conocimiento. Conviene no perder de vista que Comte escribió su obra en un momento de gran dinamismo en la historia de Francia, cuando los proyectos de reforma liberal de la sociedad se abrían paso difícilmente en medio de la polémica política.
Según Comte, era necesario reivindicar una nueva forma de conocimiento basada en el valor de la ciencia positiva y crear una nueva ciencia, la sociología, que aplicara los avances científicos a la mejora de la sociedad. Su obra, que ejerció una gran influencia en su tiempo, se encuentra revestida de un carácter utópico y supuso una reforma de los conocimientos filosóficos convencionales.
Lo más ambicioso de su proyecto filosófico fue pretender responder a los avances de la ciencia, planteando la necesidad de que ésta sirviera para mejorar, no sólo el conocimiento, sino a la sociedad. Desafortunadamente los seres humanos a través de las generaciones y de historia hemos utilizado la ciencia también para fines destructivos y perjudiciales.
Hablando de tecnología, gracias a su desarrollo cada vez existe más contaminación del aire, agua y suelo; además también es usada por las grandes potencias para amedrentar con sus armamentos a otros países con menos recursos económicos.
Por lo que se refiere a la cuestión social “el saber” da poder a los dirigentes sociales y medios de comunicación para mantener a la gente enajenada, creándoles una conciencia de conformismo; incluso distrayéndola de los problemas sociales reales que presenta el país.
Los maestros ante estas situaciones, tenemos un gran compromiso como formadores de individuos en relación a la práctica de la ciencia positivista: Debemos promover en los alumnos el buen uso de la ciencia para la mejora de su entorno y el de los demás. Sabemos que tenemos que luchar con los medios de comunicación y con la tecnología que los bombardea por todos lados; pero aún así la escuela es la única institución que puede crearles conciencia de ello.
BIBLIOGRAFÍA:
- LARROYO, Francisco, La filosofía positivista, Editorial Porrúa, México 2000 8va. Edición.p.303.
- RONDEROS, Jorge, El concepto de familia de Augusto Comte, Universidad de Caldas, Marizales 1995.p.86.
- www.cibernous.com/autores/comte/teoria/biografia.html-13k-Cached
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[2] www.cibernous.com/autores/comte/teoria/biografia.html-13k-Cached
La escolástica
La escolástica
Hablar de la escolástica sin dejar de pensar en lo que tenemos como principios, valores e ideología sobre la iglesia católica es un poco complicado, esto por el peso que la misma tiene en la formación que se nos ha dado. El presente escrito versará sobre el tema antes mencionado: La escolástica; en su contenido se describirá su concepto, el contexto en el que se desarrolló, las etapas y hechos que se dieron en la misma, los principales exponentes, las aportaciones en materia de educación y sus repercusiones en la sociedad. De alguna manera el punto de vista que se pueda dar del tema, como lo mencioné antes será bajo la concepción que se tiene del mismo.
Iniciaremos entonces, por mencionar el concepto: “La escolástica es un movimiento intelectual oriundo de la Edad Media, preocupado por demostrar y enseñar las concordancias de la razón con la fe por el método deductivo silogístico, conducente a eliminar las posibles contradicciones de las verdades transmitidas en materia de dogma por los filósofos y teólogos oficiales de la Iglesia”[1]
Fue la principal corriente en las escuelas y universidades de Europa durante la edad media, en su ideal trataba de integrar en un sistema ordenado el saber natural de Grecia y Roma y el saber religioso del cristianismo. En su origen “escolástico” era un término designado a los maestros de las escuelas monásticas o catedralicias medievales, de las que surgieron las universidades, pero al final se aplicó a cualquiera que enseñara filosofía o teología en las escuelas o universidades.
Algunos procedimientos didácticos que se utilizaban en las universidades en la Edad Media fueron: la lectio, la collatio, la glosa, el dictamen, el dialogo, la discusión dialéctica, cuestiones disputadas, cuestiones quodlibet, el uso de la lógica, la demostración, la discusión y el debate público. Este último usado como instrumento educativo flexible para estimular, probar y comunicar el progreso del pensamiento en la filosofía y en la teología.
Los escolásticos estaban convencidos que había una armonía fundamental entre razón y revelación; afirmando que el mismo Dios era la fuente de ambos tipos de conocimiento y la verdad era uno de sus principales atributos. Como ellos creían que la revelación era la enseñanza directa de Dios, ésta tenía para ellos un mayor grado de verdad y certeza que la razón natural.
Las creencias sustentadas de los escolásticos, no admitían análisis o evidencias que las invalidaran, manifestándose así en las frecuentes amenazas sobre los precursores del pensamiento científico por medio de la opresión ejercida por la Santa Inquisición en la Edad Media. A estos acontecimientos se le conoce como el oscurantismo religioso. Mismo que freno de alguna manera el desarrollo de la ciencia y que M.A Dynnik lo define como “persecuciones de que era objeto el pensamiento independiente, científico y filosófico”[2]; sobre decir, por que así le convenía a los intereses de la Iglesia.
A pesar de la ideología de los escolásticos y de la aparente distancia con la filosofía, está estuvo al servicio de la escolástica, puesto que los teólogos la utilizaban para comprender y explicar la revelación.
La escolástica pasó por una evolución en tres fases; la inicial donde había una estrecha identificación entre razón y fe; pero la fe debía prevalecer siempre sobre la razón, así como la teología sobre la filosofía. Los fundadores más representativos de la primera etapa (siglos IX al XII) fueron san Anselmo y el filósofo y teólogo Pedro Abelardo; San Anselmo considerado como el primer escolástico, escribió las obras tituladas Monologion y Proslogion que tuvieron una gran repercusión posterior en su tan debatido argumento ontológico para probar la existencia de Dios. Pedro Abelardo renovó la lógica y la dialéctica y creó el método escolástico de la quaestio —un problema dialécticum.
Posteriormente se pasó a una segunda fase; en que se pensaba que la razón y la fe tenían sólo una zona en común. Poco a poco el movimiento escolástico fue sustentándose más hasta que llegó a su apogeo en el siglo XIII, se fundan las universidades y surgen las órdenes mendicantes (dominicos y franciscanos), de donde procederán la mayoría de los teólogos y filósofos de la época, entre ellos: Santo Tomás de Aquino, autor de la obra cumbre del escolasticismo, la monumental Summa Theologiae y San Alberto el Grande que rechazó la idea de que los misterios de la teología (la encarnación, La Trinidad) podían explicarse racionalmente; pero afirmó que son validos por la revelación.
Por último, ya a fines del siglo XIII y comienzos del XIV, se llega a la última fase en donde la ruptura entre razón y fe fue absoluta, así como entre filosofía y teología. Los franciscanos empiezan a cuestionar la escolástica y ésta entra en decadencia. Sus principales representantes fueron: Escoto y Occam. Escoto, sustituye la idea de Dios por la idea del ser en cuanto ente. La teología deja de ser considerada una verdadera ciencia ya que es incapaz de demostrar sus afirmaciones fundamentales, convirtiéndose en un saber "práctico" que conduce al hombre hacia la salvación eterna.
Occam por su parte, “negó que las doctrinas teológicas pudieran ser demostradas por la razón y mantuvo, que eran en absoluto, materia de fe. Preparó el camino par el estudio de la naturaleza y el pensamiento” [3]
Esta tendencia desembocó de forma teórica en la pérdida de confianza en la razón natural humana y en la filosofía, y así lo asumieron los primeros reformadores religiosos protestantes, como Martín Lutero. Estas nuevas tendencias, reformas e ideologías, marcan la decadencia del movimiento escolástico y el inicio del Renacimiento.
Después de enmarcar los acontecimientos de ésta época se puede concluir con algunos puntos:
Como antecedente de la educación el movimiento escolástico es positivo, ya que da a conocer en su enseñanza procedimientos didácticos que fueron retomados y enriquecidos posteriormente en otro tiempo. Decir que dichos procedimientos eran buenos o malos, es muy atrevido; puesto que en su contexto y época pudieron ser útiles y valiosos. Ya lo dice el dicho “no todo lo viejo es malo, ni todo lo nuevo funciona”, es decir se debe rescatar lo positivo de éste movimiento y descartar lo que se considere obsoleto.
Todo movimiento en su época y en su momento aporta y marca en la historia positiva o negativamente el rumbo a seguir para mejorar o tratar de no cometer los mismos errores. Esto permite a las sociedades crecer y avanzar en los aspectos sociales, económicos y políticos; aspectos necesarios para el desarrollo de las mismas. Reprimir u obstaculizar este desarrollo, lleva a la caída de un sistema o movimiento; como fue el caso de la escolástica, que la opresión que ejerció la iglesia sobre el pensamiento científico, la llevó a su decadencia.
El cristianismo y cualquier religión, como aporte de valores y como acto de fe, es parte esencial de todo ser humano, eso que no se puede ver, pero que existe dentro de nosotros; es la clave y el motivo que dirige los actos de los individuos. Es necesario creer en algo o en alguien, para una armonía con los demás. Toda sociedad desprovista de valores, creencias, sentimientos; estarán propensas a su destrucción.
BIBLIOGRAFÍA
LARROYO, Francisco. Historia General de la Pedagogía. Editorial Purrúa. S.A. México DF. 1977
DYNNIK, M.T. Iovchuk. Historia de la Filosofía. Editorial Grijalbo. México DF. 1968.
PONCE, Aníbal. Educación y lucha de clases. Ediciones de Cultura Popular.
[1] LARROYO, Francisco. Historia General de la Pedagogía. Editorial Purrúa. S.A. México DF. 1977
p.260.
[2] DYNNIK, M.T. Iovchuk. Historia de la Filosofía. Editorial Grijalbo. México DF. 1968. p.257.
[3] LARROYO, Francisco. Op. cit. P.265.
Hablar de la escolástica sin dejar de pensar en lo que tenemos como principios, valores e ideología sobre la iglesia católica es un poco complicado, esto por el peso que la misma tiene en la formación que se nos ha dado. El presente escrito versará sobre el tema antes mencionado: La escolástica; en su contenido se describirá su concepto, el contexto en el que se desarrolló, las etapas y hechos que se dieron en la misma, los principales exponentes, las aportaciones en materia de educación y sus repercusiones en la sociedad. De alguna manera el punto de vista que se pueda dar del tema, como lo mencioné antes será bajo la concepción que se tiene del mismo.
Iniciaremos entonces, por mencionar el concepto: “La escolástica es un movimiento intelectual oriundo de la Edad Media, preocupado por demostrar y enseñar las concordancias de la razón con la fe por el método deductivo silogístico, conducente a eliminar las posibles contradicciones de las verdades transmitidas en materia de dogma por los filósofos y teólogos oficiales de la Iglesia”[1]
Fue la principal corriente en las escuelas y universidades de Europa durante la edad media, en su ideal trataba de integrar en un sistema ordenado el saber natural de Grecia y Roma y el saber religioso del cristianismo. En su origen “escolástico” era un término designado a los maestros de las escuelas monásticas o catedralicias medievales, de las que surgieron las universidades, pero al final se aplicó a cualquiera que enseñara filosofía o teología en las escuelas o universidades.
Algunos procedimientos didácticos que se utilizaban en las universidades en la Edad Media fueron: la lectio, la collatio, la glosa, el dictamen, el dialogo, la discusión dialéctica, cuestiones disputadas, cuestiones quodlibet, el uso de la lógica, la demostración, la discusión y el debate público. Este último usado como instrumento educativo flexible para estimular, probar y comunicar el progreso del pensamiento en la filosofía y en la teología.
Los escolásticos estaban convencidos que había una armonía fundamental entre razón y revelación; afirmando que el mismo Dios era la fuente de ambos tipos de conocimiento y la verdad era uno de sus principales atributos. Como ellos creían que la revelación era la enseñanza directa de Dios, ésta tenía para ellos un mayor grado de verdad y certeza que la razón natural.
Las creencias sustentadas de los escolásticos, no admitían análisis o evidencias que las invalidaran, manifestándose así en las frecuentes amenazas sobre los precursores del pensamiento científico por medio de la opresión ejercida por la Santa Inquisición en la Edad Media. A estos acontecimientos se le conoce como el oscurantismo religioso. Mismo que freno de alguna manera el desarrollo de la ciencia y que M.A Dynnik lo define como “persecuciones de que era objeto el pensamiento independiente, científico y filosófico”[2]; sobre decir, por que así le convenía a los intereses de la Iglesia.
A pesar de la ideología de los escolásticos y de la aparente distancia con la filosofía, está estuvo al servicio de la escolástica, puesto que los teólogos la utilizaban para comprender y explicar la revelación.
La escolástica pasó por una evolución en tres fases; la inicial donde había una estrecha identificación entre razón y fe; pero la fe debía prevalecer siempre sobre la razón, así como la teología sobre la filosofía. Los fundadores más representativos de la primera etapa (siglos IX al XII) fueron san Anselmo y el filósofo y teólogo Pedro Abelardo; San Anselmo considerado como el primer escolástico, escribió las obras tituladas Monologion y Proslogion que tuvieron una gran repercusión posterior en su tan debatido argumento ontológico para probar la existencia de Dios. Pedro Abelardo renovó la lógica y la dialéctica y creó el método escolástico de la quaestio —un problema dialécticum.
Posteriormente se pasó a una segunda fase; en que se pensaba que la razón y la fe tenían sólo una zona en común. Poco a poco el movimiento escolástico fue sustentándose más hasta que llegó a su apogeo en el siglo XIII, se fundan las universidades y surgen las órdenes mendicantes (dominicos y franciscanos), de donde procederán la mayoría de los teólogos y filósofos de la época, entre ellos: Santo Tomás de Aquino, autor de la obra cumbre del escolasticismo, la monumental Summa Theologiae y San Alberto el Grande que rechazó la idea de que los misterios de la teología (la encarnación, La Trinidad) podían explicarse racionalmente; pero afirmó que son validos por la revelación.
Por último, ya a fines del siglo XIII y comienzos del XIV, se llega a la última fase en donde la ruptura entre razón y fe fue absoluta, así como entre filosofía y teología. Los franciscanos empiezan a cuestionar la escolástica y ésta entra en decadencia. Sus principales representantes fueron: Escoto y Occam. Escoto, sustituye la idea de Dios por la idea del ser en cuanto ente. La teología deja de ser considerada una verdadera ciencia ya que es incapaz de demostrar sus afirmaciones fundamentales, convirtiéndose en un saber "práctico" que conduce al hombre hacia la salvación eterna.
Occam por su parte, “negó que las doctrinas teológicas pudieran ser demostradas por la razón y mantuvo, que eran en absoluto, materia de fe. Preparó el camino par el estudio de la naturaleza y el pensamiento” [3]
Esta tendencia desembocó de forma teórica en la pérdida de confianza en la razón natural humana y en la filosofía, y así lo asumieron los primeros reformadores religiosos protestantes, como Martín Lutero. Estas nuevas tendencias, reformas e ideologías, marcan la decadencia del movimiento escolástico y el inicio del Renacimiento.
Después de enmarcar los acontecimientos de ésta época se puede concluir con algunos puntos:
Como antecedente de la educación el movimiento escolástico es positivo, ya que da a conocer en su enseñanza procedimientos didácticos que fueron retomados y enriquecidos posteriormente en otro tiempo. Decir que dichos procedimientos eran buenos o malos, es muy atrevido; puesto que en su contexto y época pudieron ser útiles y valiosos. Ya lo dice el dicho “no todo lo viejo es malo, ni todo lo nuevo funciona”, es decir se debe rescatar lo positivo de éste movimiento y descartar lo que se considere obsoleto.
Todo movimiento en su época y en su momento aporta y marca en la historia positiva o negativamente el rumbo a seguir para mejorar o tratar de no cometer los mismos errores. Esto permite a las sociedades crecer y avanzar en los aspectos sociales, económicos y políticos; aspectos necesarios para el desarrollo de las mismas. Reprimir u obstaculizar este desarrollo, lleva a la caída de un sistema o movimiento; como fue el caso de la escolástica, que la opresión que ejerció la iglesia sobre el pensamiento científico, la llevó a su decadencia.
El cristianismo y cualquier religión, como aporte de valores y como acto de fe, es parte esencial de todo ser humano, eso que no se puede ver, pero que existe dentro de nosotros; es la clave y el motivo que dirige los actos de los individuos. Es necesario creer en algo o en alguien, para una armonía con los demás. Toda sociedad desprovista de valores, creencias, sentimientos; estarán propensas a su destrucción.
BIBLIOGRAFÍA
LARROYO, Francisco. Historia General de la Pedagogía. Editorial Purrúa. S.A. México DF. 1977
DYNNIK, M.T. Iovchuk. Historia de la Filosofía. Editorial Grijalbo. México DF. 1968.
PONCE, Aníbal. Educación y lucha de clases. Ediciones de Cultura Popular.
[1] LARROYO, Francisco. Historia General de la Pedagogía. Editorial Purrúa. S.A. México DF. 1977
p.260.
[2] DYNNIK, M.T. Iovchuk. Historia de la Filosofía. Editorial Grijalbo. México DF. 1968. p.257.
[3] LARROYO, Francisco. Op. cit. P.265.
El porfiriato
EL PORFIRIATO
Cuando se habla sobre la historia de México, es conveniente rescatar las circunstancias históricas, sociales, económicas y culturales de cada época; ya que estas han determinado y establecido el ideal de hombre y de sociedad que se quiere formar. Además de que gracias a la descripción de dichas circunstancias, podemos interpretar los hechos de la historia con un poco más de objetividad y contextualización.
Una de las etapas de la historia con gran riqueza de acontecimientos políticos, sociales, culturales y económicos; es el porfiriato. Pero para poder estudiar este periodo, es necesario dar a conocer los antecedentes del mismo:
En 1867 Benito Juárez regresó a la Ciudad de México como Presidente Constitucional de nuestro país. Con este hecho se ponía fin a la lucha que los liberales y los conservadores habían sostenido durante las etapas conocidas como el México Independiente y la Reforma.
Esos dos partidos habían luchado durante mucho tiempo ocasionando a México serios problemas económicos, políticos y sociales. Entre otras cosas, a causa de esa guerra interna el país perdió la mitad de su territorio, estuvo en guerra con Francia y Estados Unidos, tuvo que pedir préstamos al extranjero, fue gobernado por un emperador europeo y enfrentó una grave crisis económica que afectó a millones de mexicanos que vivían en la pobreza.
Así pues, era urgente que en México hubiera paz para poder resolver todos los problemas que existían. El gobierno de Juárez era una esperanza en este sentido y por eso, en las nuevas elecciones de 1867, le volvieron a elegir como Presidente de México. En esta ocasión figuraba como uno de los candidatos opositores Porfirio Díaz, quien había tenido una destacada participación militar en contra de los conservadores.
Durante los cuatro años siguientes comenzó la reconstrucción del país y en 1871 hubo otras elecciones presidenciales. Nuevamente Juárez ganó a los otros candidatos, entre ellos, a Porfirio Díaz y a Sebastián Lerdo de Tejada. Sin embargo, Benito Juárez murió repentinamente en 1872 y lo sustituyó Sebastián Lerdo de Tejada, quien no logró resolver los problemas nacionales y se enfrentó al descontento popular.
En 1875 hubo otras elecciones presidenciales y aunque oficialmente el ganador fue Lerdo de Tejada, muchos grupos se negaron a aceptar su triunfo. Porfirio Díaz fue elegido como líder del movimiento opositor que dio a conocer sus demandas en un documento llamado Plan de Tuxtepec.
En él decían que los presidentes no debían reelegirse, que la Constitución de 1857 tenía que ser obedecida y que Sebastián Lerdo de Tejada no sería de nuevo presidente de México porque había hecho trampa en las elecciones. Luego de varios enfrentamientos las tropas leales a Lerdo de Tejada fueron vencidas por las de Porfirio Díaz a finales de 1876. Dos meses después hubo nuevas elecciones y Porfirio Díaz fue nombrado Presidente de la República.Así comenzó una etapa muy importante en la historia de nuestro país: el Porfiriato. Esta época es llamada así porque de 1876 a 1911 Porfirio Díaz gobernó al país casi ininterrumpidamente, favoreciendo los intereses de terratenientes, del clero y del capital de los extranjeros.
Durante ese periodo se realizaron cambios que se reflejaron en la economía, en la sociedad y en la cultura. Siempre bajo el lema de “Orden y Progreso”
Para lograrlo fortaleció al ejército, que fue el encargado de eliminar cualquier intento de rebelión, incluyó en su gabinete a personas de toda su confianza y se rodeó de un grupo de intelectuales, llamado "los científicos", que elaboró los proyectos económicos, culturales y educativos que "modernizarían" al país y que habían sido soñados desde la Independencia.
Una de las preocupaciones del gobierno porfiriano fue mantener al país eficientemente comunicado. Los telégrafos y los ferrocarriles, como el de la ilustración, jugaron un papel importante en el proceso. Se prestó especial interés al fomento de la educación, una educación que diera un nuevo sentido de identidad, que se basara en las ciencias y tuviera carácter laico. Esta tendencia educativa es conocida con el nombre de "educación científica" y tuvo entre sus bases los principios del positivismo.
En 1879 se reformo el reglamento de Instrucción Publica, bajo el principio de “utilidad”, el cual hizo hincapié en la preparación de maestros y en 1882. Se organiza un Congreso Higiénico Pedagógico que abarcaba los siguientes temas: las condiciones higiénicas de los edificios escolares, el modelo del mobiliario, las características de los libros y útiles escolares, los métodos de enseñanza sin comprometer la salud de los niños, la distribución diaria del trabajo de los escolares y las precauciones que debían tomarse en las escuelas para evitar la transmisión de enfermedades.
La creación de escuelas normales fue producto de los Congresos de Instrucción de 1890, históricamente la Escuela Normal de Profesores resultó de la conversión de una preparatoria para mujeres que funcionaba en la capital; en esta misma ciudad en 1887 el Gobierno Federal inauguró la Escuela Nacional de Profesores, ya que se pensaba que la capacitación de los docentes constituía la garantía del éxito de los programas.
En la fundación de estas instituciones y de la mayoría del interior de la República, fue clara la influencia del modelo de escuela normalista norteamericana; tan fue así que los programas de las escuelas normales eran revisados frecuentemente para mantenerlos al día con la pedagogía del momento en Europa y Estados Unidos y para estudiar con mayor detalle los aspectos prácticos de la enseñanza en sí misma.
“Gran parte del desarrollo en materia educativa, fue gracias al estudio y trabajo de grandes pedagogos extranjeros y mexicanos como Enrique C. Rébsamen, Enrique Laubscher, Carlos A. Carrillo, Ezequiel A. Chávez y Gregorio Torres Quintero.”[1]
La Educación Preparatoria constituyó la institución ejemplar del Porfiriato que procuró su establecimiento en todos los Estados, las preparatorias al igual que los liceos mejoraron sus contenidos y sus instrumentaciones didácticas fundadas en las ciencias físicas y naturales.
El programa del desarrollo de las facultades que se trató de implantar en México, tropezó además de la insuficiencia de los presupuestos educativos de algunos Estados, con una realidad de tres siglos de lastre colonial y con una lealtad de las masas hacia la Iglesia, que se trató de transformar en lealtad hacia el Estado.
En el ámbito económico, México experimentó un crecimiento desigual, dentro de los distintos sectores de la producción, durante el gobierno de Porfirio Díaz. Los puntos más altos de crecimiento los alcanzaron la minería y la industria, a estos dos les siguió la agricultura y después la ganadería, con una diferencia muy marcada en cuanto a su desarrollo se refiere.
La minería llegó a constituir el renglón más importante por la riqueza del suelo, la colaboración o participación de ingenieros muy destacados, técnicos de óptima calidad en esa disciplina y, la existencia de una mano de obra especializada, dotada de niveles técnicos comparables a los existentes en otros centros mineros de importancia mundial, ofreció grandes ganancias a los concesionarios extranjeros.
El segundo renglón en importancia lo constituyó la industria. Al ampliarse el mercado interno se incrementó la industria. Hasta cierto momento ésta elaboraba escasos productos que se consumían dentro del país y, exportaba productos primarios agrícolas y mineros. Fue cuando se empezaron a establecer en el país plantas beneficiadoras de los metales que la industria empezó a surgir. Las industrias que adoptaron la técnica más avanzada se desarrollaron en los ramos textil, peletería y calzado, destilerías y plantas vitivinícolas, cervecerías, cigarrillos y puros, papel, química, explosivos, aceites y jabones, cemento, siderurgia, loza y vidrio. Al igual que la minería, la industria sólo benefició a los capitalistas.
A pesar de que en el país existían “orden y progreso”, la desigualdad social era alarmante. Durante el Porfiriato, la sociedad mexicana estuvo dividida en varias clases sociales de acuerdo con la fortuna y el origen de cada una de ellas. La aristocracia semifeudal, también llamada alta sociedad. Estaba integrada por los políticos, los capitalistas criollos y los extranjeros. Era la clase rica, la dueña de haciendas, de fábricas, de casas comerciales o de negocios financieros, que llevaba una vida desahogada. Los principales representantes de esta clase social fueron los científicos, grupo de amigos personales del dictador.
La burguesía nacional estaba compuesta por los latifundistas o hacendados, por los grandes comerciantes, y por los accionistas en empresas mineras e industriales. La pequeña burguesía, o clase media estaba integrada por comerciantes e industriales en pequeño, burócratas, maestros, profesionales, periodistas y pequeños comerciantes. Esta esfera social tiene una gran importancia tanto económica como política, pues ayudó en la transformación política que el país necesitaba a principios del siglo XX.
El proletariado es la naciente clase obrera, que junto con los campesinos formaban el bloque de los oprimidos, “vivían en condiciones muy deplorables, recibiendo salarios mínimos y soportando toda clase de injusticias… obligados a comprar en las tiendas de reyas que eran propiedad de los dueños de las haciendas o de las fábricas”[2]
En oposición al régimen de opresión del siglo XX surge el Ateneo de la Juventud, jóvenes estudiantes y profesionales que se daban a la tarea de realizar una crítica a los postulados de la doctrina positivista. El Ateneo de la Juventud fue una asociación civil que trabajó en el arte y la cultura de México, realizando debates o conferencias de corte público, para dar una visión ampliada a la educación, logrando una revolución cultural que modificaría la visión del país.
Lo encabezaron Antonio Caso, autor dedicado a la filosofía que liquidó el positivismo abriendo horizontes universales a la conciencia nacional; José Vasconcelos, una personalidad desbordante y comprometida, en actitud polémica permanente, protagonista de una prolongada actividad educativa y política; y Alfonso Reyes, sabio y humanista por excelencia, escritor fecundo y diplomático que culminó una obra de reflexión, síntesis y estudio desde la presidencia de El Colegio de México.
“A través de sus conferencias dieron a conocer entre amplios sectores de la juventud intelectual mexicana, a autores cuyas doctrinas habían sido proscritas anteriormente, como Nietzsche, Bergson, Boutroux, James, Croce, entre otros. La actividad de El Ateneo de la Juventud fue fundamental para que, desde el terreno de la cultura, fuera posible cambiar las condiciones sociales en amplios sectores de la población mexicana.”[3]
El ateneo proponía quitarle rigidez a la enseñanza, proponiendo libertad de pensamiento de cátedra, y valores culturales, éticos y estéticos, en oposición al modelo de Porfirio Díaz que tenía cierto desprecio por la cultura mexicana poniendo en mayor estima a lo europeo y americano.
El periodo en que Porfirio Díaz ocupó la Presidencia de la República, representó para México años de estabilidad social y política, así como de crecimiento económico. No obstante, dicho periodo también provocó la polarización de la sociedad mexicana, particularmente entre los muchos campesinos y obreros que vivían prácticamente en la miseria, la naciente clase media que encontraba obstruidos todos los caminos para el progreso familiar y personal, y los muy pocos dueños de la riqueza, que disfrutaban del poder político al amparo del régimen porfirista.
Lo más importante que tenemos que rescatar de la época del porfiriato es que se desarrollaron importantes propuestas educativas que contribuyeron a la formación de lo que consideramos el origen de la teoría pedagógica en México; con las propuestas de Luis E. Ruiz, Enrique C. Rébsamen y Carlos A. Carrillo, quinees proponían un nueva escuela mexicana, nacionalista, integral y que destacaba el papel del maestro en el proceso enseñanza-aprendizaje y fomentaba el análisis y la crítica.
BIBLIOGRAFÍA:
Propiehttp://www.emexico,gob.mx/wb2/eMex/eMex_ElAteneo_de_la_Juventuddad del Sistema Nacional e-México.21 de Enero del 2008. Autor Leticia Barragán López.
Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005 “El porfiriato”.
[1] mmmm
[2] nnnn
[3] Propiehttp://www.emexico,gob.mx/wb2/eMex/eMex_El Ateneo_de_la_Juventuddad del Sistema Nacional e-México.21 de Enero del 2008. Autor Leticia Barragán López.
Cuando se habla sobre la historia de México, es conveniente rescatar las circunstancias históricas, sociales, económicas y culturales de cada época; ya que estas han determinado y establecido el ideal de hombre y de sociedad que se quiere formar. Además de que gracias a la descripción de dichas circunstancias, podemos interpretar los hechos de la historia con un poco más de objetividad y contextualización.
Una de las etapas de la historia con gran riqueza de acontecimientos políticos, sociales, culturales y económicos; es el porfiriato. Pero para poder estudiar este periodo, es necesario dar a conocer los antecedentes del mismo:
En 1867 Benito Juárez regresó a la Ciudad de México como Presidente Constitucional de nuestro país. Con este hecho se ponía fin a la lucha que los liberales y los conservadores habían sostenido durante las etapas conocidas como el México Independiente y la Reforma.
Esos dos partidos habían luchado durante mucho tiempo ocasionando a México serios problemas económicos, políticos y sociales. Entre otras cosas, a causa de esa guerra interna el país perdió la mitad de su territorio, estuvo en guerra con Francia y Estados Unidos, tuvo que pedir préstamos al extranjero, fue gobernado por un emperador europeo y enfrentó una grave crisis económica que afectó a millones de mexicanos que vivían en la pobreza.
Así pues, era urgente que en México hubiera paz para poder resolver todos los problemas que existían. El gobierno de Juárez era una esperanza en este sentido y por eso, en las nuevas elecciones de 1867, le volvieron a elegir como Presidente de México. En esta ocasión figuraba como uno de los candidatos opositores Porfirio Díaz, quien había tenido una destacada participación militar en contra de los conservadores.
Durante los cuatro años siguientes comenzó la reconstrucción del país y en 1871 hubo otras elecciones presidenciales. Nuevamente Juárez ganó a los otros candidatos, entre ellos, a Porfirio Díaz y a Sebastián Lerdo de Tejada. Sin embargo, Benito Juárez murió repentinamente en 1872 y lo sustituyó Sebastián Lerdo de Tejada, quien no logró resolver los problemas nacionales y se enfrentó al descontento popular.
En 1875 hubo otras elecciones presidenciales y aunque oficialmente el ganador fue Lerdo de Tejada, muchos grupos se negaron a aceptar su triunfo. Porfirio Díaz fue elegido como líder del movimiento opositor que dio a conocer sus demandas en un documento llamado Plan de Tuxtepec.
En él decían que los presidentes no debían reelegirse, que la Constitución de 1857 tenía que ser obedecida y que Sebastián Lerdo de Tejada no sería de nuevo presidente de México porque había hecho trampa en las elecciones. Luego de varios enfrentamientos las tropas leales a Lerdo de Tejada fueron vencidas por las de Porfirio Díaz a finales de 1876. Dos meses después hubo nuevas elecciones y Porfirio Díaz fue nombrado Presidente de la República.Así comenzó una etapa muy importante en la historia de nuestro país: el Porfiriato. Esta época es llamada así porque de 1876 a 1911 Porfirio Díaz gobernó al país casi ininterrumpidamente, favoreciendo los intereses de terratenientes, del clero y del capital de los extranjeros.
Durante ese periodo se realizaron cambios que se reflejaron en la economía, en la sociedad y en la cultura. Siempre bajo el lema de “Orden y Progreso”
Para lograrlo fortaleció al ejército, que fue el encargado de eliminar cualquier intento de rebelión, incluyó en su gabinete a personas de toda su confianza y se rodeó de un grupo de intelectuales, llamado "los científicos", que elaboró los proyectos económicos, culturales y educativos que "modernizarían" al país y que habían sido soñados desde la Independencia.
Una de las preocupaciones del gobierno porfiriano fue mantener al país eficientemente comunicado. Los telégrafos y los ferrocarriles, como el de la ilustración, jugaron un papel importante en el proceso. Se prestó especial interés al fomento de la educación, una educación que diera un nuevo sentido de identidad, que se basara en las ciencias y tuviera carácter laico. Esta tendencia educativa es conocida con el nombre de "educación científica" y tuvo entre sus bases los principios del positivismo.
En 1879 se reformo el reglamento de Instrucción Publica, bajo el principio de “utilidad”, el cual hizo hincapié en la preparación de maestros y en 1882. Se organiza un Congreso Higiénico Pedagógico que abarcaba los siguientes temas: las condiciones higiénicas de los edificios escolares, el modelo del mobiliario, las características de los libros y útiles escolares, los métodos de enseñanza sin comprometer la salud de los niños, la distribución diaria del trabajo de los escolares y las precauciones que debían tomarse en las escuelas para evitar la transmisión de enfermedades.
La creación de escuelas normales fue producto de los Congresos de Instrucción de 1890, históricamente la Escuela Normal de Profesores resultó de la conversión de una preparatoria para mujeres que funcionaba en la capital; en esta misma ciudad en 1887 el Gobierno Federal inauguró la Escuela Nacional de Profesores, ya que se pensaba que la capacitación de los docentes constituía la garantía del éxito de los programas.
En la fundación de estas instituciones y de la mayoría del interior de la República, fue clara la influencia del modelo de escuela normalista norteamericana; tan fue así que los programas de las escuelas normales eran revisados frecuentemente para mantenerlos al día con la pedagogía del momento en Europa y Estados Unidos y para estudiar con mayor detalle los aspectos prácticos de la enseñanza en sí misma.
“Gran parte del desarrollo en materia educativa, fue gracias al estudio y trabajo de grandes pedagogos extranjeros y mexicanos como Enrique C. Rébsamen, Enrique Laubscher, Carlos A. Carrillo, Ezequiel A. Chávez y Gregorio Torres Quintero.”[1]
La Educación Preparatoria constituyó la institución ejemplar del Porfiriato que procuró su establecimiento en todos los Estados, las preparatorias al igual que los liceos mejoraron sus contenidos y sus instrumentaciones didácticas fundadas en las ciencias físicas y naturales.
El programa del desarrollo de las facultades que se trató de implantar en México, tropezó además de la insuficiencia de los presupuestos educativos de algunos Estados, con una realidad de tres siglos de lastre colonial y con una lealtad de las masas hacia la Iglesia, que se trató de transformar en lealtad hacia el Estado.
En el ámbito económico, México experimentó un crecimiento desigual, dentro de los distintos sectores de la producción, durante el gobierno de Porfirio Díaz. Los puntos más altos de crecimiento los alcanzaron la minería y la industria, a estos dos les siguió la agricultura y después la ganadería, con una diferencia muy marcada en cuanto a su desarrollo se refiere.
La minería llegó a constituir el renglón más importante por la riqueza del suelo, la colaboración o participación de ingenieros muy destacados, técnicos de óptima calidad en esa disciplina y, la existencia de una mano de obra especializada, dotada de niveles técnicos comparables a los existentes en otros centros mineros de importancia mundial, ofreció grandes ganancias a los concesionarios extranjeros.
El segundo renglón en importancia lo constituyó la industria. Al ampliarse el mercado interno se incrementó la industria. Hasta cierto momento ésta elaboraba escasos productos que se consumían dentro del país y, exportaba productos primarios agrícolas y mineros. Fue cuando se empezaron a establecer en el país plantas beneficiadoras de los metales que la industria empezó a surgir. Las industrias que adoptaron la técnica más avanzada se desarrollaron en los ramos textil, peletería y calzado, destilerías y plantas vitivinícolas, cervecerías, cigarrillos y puros, papel, química, explosivos, aceites y jabones, cemento, siderurgia, loza y vidrio. Al igual que la minería, la industria sólo benefició a los capitalistas.
A pesar de que en el país existían “orden y progreso”, la desigualdad social era alarmante. Durante el Porfiriato, la sociedad mexicana estuvo dividida en varias clases sociales de acuerdo con la fortuna y el origen de cada una de ellas. La aristocracia semifeudal, también llamada alta sociedad. Estaba integrada por los políticos, los capitalistas criollos y los extranjeros. Era la clase rica, la dueña de haciendas, de fábricas, de casas comerciales o de negocios financieros, que llevaba una vida desahogada. Los principales representantes de esta clase social fueron los científicos, grupo de amigos personales del dictador.
La burguesía nacional estaba compuesta por los latifundistas o hacendados, por los grandes comerciantes, y por los accionistas en empresas mineras e industriales. La pequeña burguesía, o clase media estaba integrada por comerciantes e industriales en pequeño, burócratas, maestros, profesionales, periodistas y pequeños comerciantes. Esta esfera social tiene una gran importancia tanto económica como política, pues ayudó en la transformación política que el país necesitaba a principios del siglo XX.
El proletariado es la naciente clase obrera, que junto con los campesinos formaban el bloque de los oprimidos, “vivían en condiciones muy deplorables, recibiendo salarios mínimos y soportando toda clase de injusticias… obligados a comprar en las tiendas de reyas que eran propiedad de los dueños de las haciendas o de las fábricas”[2]
En oposición al régimen de opresión del siglo XX surge el Ateneo de la Juventud, jóvenes estudiantes y profesionales que se daban a la tarea de realizar una crítica a los postulados de la doctrina positivista. El Ateneo de la Juventud fue una asociación civil que trabajó en el arte y la cultura de México, realizando debates o conferencias de corte público, para dar una visión ampliada a la educación, logrando una revolución cultural que modificaría la visión del país.
Lo encabezaron Antonio Caso, autor dedicado a la filosofía que liquidó el positivismo abriendo horizontes universales a la conciencia nacional; José Vasconcelos, una personalidad desbordante y comprometida, en actitud polémica permanente, protagonista de una prolongada actividad educativa y política; y Alfonso Reyes, sabio y humanista por excelencia, escritor fecundo y diplomático que culminó una obra de reflexión, síntesis y estudio desde la presidencia de El Colegio de México.
“A través de sus conferencias dieron a conocer entre amplios sectores de la juventud intelectual mexicana, a autores cuyas doctrinas habían sido proscritas anteriormente, como Nietzsche, Bergson, Boutroux, James, Croce, entre otros. La actividad de El Ateneo de la Juventud fue fundamental para que, desde el terreno de la cultura, fuera posible cambiar las condiciones sociales en amplios sectores de la población mexicana.”[3]
El ateneo proponía quitarle rigidez a la enseñanza, proponiendo libertad de pensamiento de cátedra, y valores culturales, éticos y estéticos, en oposición al modelo de Porfirio Díaz que tenía cierto desprecio por la cultura mexicana poniendo en mayor estima a lo europeo y americano.
El periodo en que Porfirio Díaz ocupó la Presidencia de la República, representó para México años de estabilidad social y política, así como de crecimiento económico. No obstante, dicho periodo también provocó la polarización de la sociedad mexicana, particularmente entre los muchos campesinos y obreros que vivían prácticamente en la miseria, la naciente clase media que encontraba obstruidos todos los caminos para el progreso familiar y personal, y los muy pocos dueños de la riqueza, que disfrutaban del poder político al amparo del régimen porfirista.
Lo más importante que tenemos que rescatar de la época del porfiriato es que se desarrollaron importantes propuestas educativas que contribuyeron a la formación de lo que consideramos el origen de la teoría pedagógica en México; con las propuestas de Luis E. Ruiz, Enrique C. Rébsamen y Carlos A. Carrillo, quinees proponían un nueva escuela mexicana, nacionalista, integral y que destacaba el papel del maestro en el proceso enseñanza-aprendizaje y fomentaba el análisis y la crítica.
BIBLIOGRAFÍA:
Propiehttp://www.emexico,gob.mx/wb2/eMex/eMex_ElAteneo_de_la_Juventuddad del Sistema Nacional e-México.21 de Enero del 2008. Autor Leticia Barragán López.
Biblioteca de Consulta Microsoft ® Encarta ® 2005 “El porfiriato”.
[1] mmmm
[2] nnnn
[3] Propiehttp://www.emexico,gob.mx/wb2/eMex/eMex_El Ateneo_de_la_Juventuddad del Sistema Nacional e-México.21 de Enero del 2008. Autor Leticia Barragán López.
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